Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito.

 

Gran cita la de Aristóteles.

Somos lo que hacemos, tal como explico en este artículo del blog. Porque al repetir cualquier acción, comportamiento o conducta lo que conseguimos es automatizar ese acto.

Cuando hemos automatizado el acto que sea, forma parte de nosotros y se ejecutará sin que nosotros seamos conscientes de ello, por tanto… simplemente somos lo que hacemos, nos guste o no. Es así.

A todo el mundo le gusta pensar que es de tal o de cual forma, pero la realidad es que, como muchos de nuestros comportamientos existen sin que seamos conscientes de ellos, no podemos tener una imagen propia real de lo que somos realmente.

Ejemplo sencillo: Si a alguien le gusta pensar que es flexible y que sabe adaptarse a su entorno, pero cada vez que se encuentra con un problema u obstáculo en su faceta profesional o personal se enfada, le hierve la sangre y acaba pegando gritos a todo bicho viviente, ¿cómo es realmente?

Si lo que buscas es la excelencia en tu vida, debes repetir y repetir comportamientos, conductas y acciones de excelencia.

De esta forma te darás cuenta que puedes decidir cómo quieres ser. Y repitiendo los actos que, para ti, son los ideales te forjarás a ti mismo/a en base a tu ideal propio.

¿Tienes equilibrio entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces? Piénsalo bien…

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