Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad.

 

Existe una tendencia natural de comunicarnos de forma deficiente, sin ser consecuentes con nuestras emociones y las de nuestro interlocutor.

Además, también es muy fácil ser ambiguo y jugar a “dónde está la bolita” cuando nos comunicamos con nuestro entorno, ya sea profesional o personal.

Como lo hacemos de esta forma, se crean malentendidos de forma fácil. Y además, tenemos la santa facilidad de enrocarnos en posiciones que muchas veces no son del todo correctas (y somos conscientes de ello).

También identificamos que nuestro interlocutor no ha acabado de entendernos y, en lugar de aclarar el mensaje, lo que hacemos es mantener nuestra posición y radicalizar el mensaje, provocando que la persona que está delante nuestro haga lo mismo.

¡Qué difícil es comunicarse con estos hábitos…!

Y todo ello es, en muchas ocasiones, porque no nos atrevemos a decir las cosas como son, aun sabiendo que son verdades. Nos encanta esquivar el bulto y preferimos provocar tensiones que nos facilitarán justificar nuestra forma de actuar.

Mejorar la forma en cómo te comunicas es tu responsabilidad, no la de tu interlocutor. Si todos nos aplicamos este principio todo fluirá de mejor forma y nos ahorraremos problemas, tensión y malentendidos absurdos.

En este artículo te explico la importancia de la comunicación asertiva.

Y tú… ¿aplicas la comunicación asertiva?

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