La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que todo lo han perdido la poseen aún.

 

Existe un dicho que he oído en muchas ocasiones. Y, aunque no sea seguro, supongo que es la evolución natural de esta cita de Tales de Mileto.

El dicho o refrán que también habréis oído en alguna ocasión es “la esperanza es lo último que se pierde”… ¿os suena?

La esperanza está presente en todas las personas. Y es ese sentimiento, que incluso en las peores condiciones, nos empuja y nos proporciona esa energía para seguir adelante, por muy mal que estemos.

En muchas situaciones podemos asemejar la esperanza al instinto de vida, a seguir hacia delante, a sobreponerse y a continuar.

La esperanza es ese punto de fuerza que cuando creemos que ya no tenemos más fuerza para seguir adelante, y por mucho que nos haya ido mal durante el camino, todavía permanece y nos impulsa a seguir avanzando de nuevo.

El obstáculo al que nos enfrentamos cuando las cosas no van bien es el hábito.

La esperanza nos llevará a emprender nuevas acciones que, en su mayor parte, quedarán “manchadas” por nuestros viejos hábitos. Y, quizá, volvamos a repetir esa situación no beneficiosa que precisamente queríamos evitar.

Si realmente quieres dar un golpe de timón en tu vida y mejorar cualquiera de los aspectos que no cumplan con tu nivel de satisfacción óptimo, aprovecha la fuerza que te proporciona la esperanza para aprender y descubrir cómo hacerlo sin volver a repetir los mismos errores.

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