En nuestra edad más tierna, durante la infancia, quien más quien menos ha sufrido alguna mala experiencia en la escuela con sus compañeros. Es algo inevitable en una experiencia vital que dura muchos años, pero es mucho más duro cuando, ya en edad adulta, sufrimos traumas en la vida laboral, que nos puede hacer que las jornadas se hagan larguísimas y nos planteemos cambiar de lugar de trabajo porque no se nos trata como se debiera. Echamos en falta que se nos dispense un mínimo respeto en el trabajo.

Respeto en el trabajo ¿cómo conseguirlo?

Cuando explicamos nuestras vicisitudes a familiares y amigos, es muy probable que una gran mayoría de ellos nos respondan que nuestra solución no está en cambiar de empleo e ir a otro lugar, sino que debemos conseguir que nos tengan respeto en el trabajo. Hasta aquí es, sin ningún tipo de duda, un buen consejo, pero lo difícil es lograr este objetivo que, de entrada, se nos puede asemejar como escalar la montaña más alta del mundo.

Y no, no es fácil, por eso te dejo algunos consejos que te servirán para invertir una dinámica negativa. Como en todo en la vida, no son una garantía inequívoca de éxito, pero sí que te puedo asegurar que te ayudarán a superar los problemas que puedes sufrir.

Consejos para lograr el respeto en el trabajo:

  • Respeta a los demás. Sin este consejo, no vale la pena que utilices las recomendaciones posteriores. Es imposible esperar ser respetado si tú no haces lo mismo con tus compañeros y compañeras de trabajo. Y si decides imponer siempre tu criterio, podrás ser temido, pero nunca respetado. Recuerda: no es lo mismo ser autoritario que tener autoridad. La autoridad se gana con asertividad.
  • Ayuda a quienes lo necesitan… Te puede parecer una perogrullada, pero demasiado a menudo somos incapaces de echar una mano a nuestros compañeros, tal vez a veces por una falta de empatía, otras porque sólo nos miramos al ombligo y no sabemos ver todo aquello que sucede a nuestro entorno. Debemos estar concentrados y saber ver los primeros cuándo se produce una necesidad y acudir con celeridad a poner nuestro grano de arena para solucionarla.
  • … y pide ayuda cuando te haga falta. De una manera intrínseca tenemos un punto de arrogancia que nos prohíbe pedir ayuda cuando la necesitamos. Debes recuperar tu grado de humanidad, bajar de las nubes y reclamar que te echen una mano cuando sea necesario. Te sorprenderás qué rápido acuden y sólo por eso te sentirás más cerca de resolver tu handicap en el trabajo.
  • Di las cosas claras y logra que tus actos hablen más alto que tus palabras. Dos consejos en uno: cuando te expreses, debes hacerlo sin embudos ni medias afirmaciones; tu discurso tiene que ser rotundo desde el punto de vista de la comunicación. El oscurantismo,  las vacilaciones y las frases poco vehementes, generan dudas de forma inmediata en aquellas personas que te escuchan. Y, luego, aquello que has pronunciado debes cumplirlo con el máximo rigor, no puedes quedarte en las buenas palabras, sino que éstas deben ir acompañadas de hechos que las confirmen y las ensalcen.
  • Mantén siempre tus promesas. Este consejo iría de la mano del anterior y consiste en algo tan simple como cumplir lo que se promete. Si no es así, comportará una imagen de pérdida grave de credibilidad y, por tanto, tu entorno en el trabajo dejará de confiar en ti porque no eres una persona de fiar, sólo eres fachada.
  • Sé mejor cada día. Pero deber serlo de verdad, porque te sale de dentro, no por dar esa imagen. Mejorar cada día cuesta, pero no es imposible, es tan sencillo como desearlo y esforzarse. Concéntrate más en tu trabajo y tu rendimiento crecerá exponencialmente, y tu entorno laboral lo agradecerá y te lo agradecerá.
  • Admite tus errores. Algo tan sencillo y tan difícil al mismo tiempo. Nos equivocamos cada día y, a veces, colegas se dan cuenta, pero a nosotros nos cuesta reconocer que hemos errado, en una mezcla de vergüenza e inseguridad injustificada, pero que pesa como una losa. Debes a aprender a reconocer tus fallos y a pedir disculpas si el error lo requiere.
  • Escucha bien y muéstrate dispuesto a cambiar. Las personas inamovibles en sus convicciones no suelen ser ni demasiado queridas ni demasiado válidas en el trabajo, Seguro que si escuchas las opiniones y puntos de vista de tus colegas, aprenderás conceptos que podrás aplicar a tu labor y, aunque no siempre los utilices, presta atención a lo que piensan en tu entorno.
  • Se amable con los demás y sé capaz de reírte de ti mismo. La empatía es indispensable en nuestras vidas, esa capacidad de entender a tu prójimo es el camino para entenderte y sentirte mejor contigo mismo y, si además, adquieres la virtud de reírte de tus errores y comentarios, seguro que despertarás las simpatías de tus compañeros.
  • Mira el lado bueno de todo y en todos. Como contrapartida al consejo anterior, debes mirar a los demás como lo que son: personas como tú, que lo que desean es hacer su trabajo lo mejor posible. Despierta en ellos este positivismo si no lo tienen porque mirar la vida por el lado bueno es de las mejores cosas que podemos aprender y que podemos facultar para que las aprendan los demás. Generando más confianza también contribuiremos a que los demás se sientan más seguros.

Conclusión:

Saca lo mejor que tienes, exprímete para dar el callo como trabajador y como persona, y las probabilidades de que seas respetado/a se verán incrementadas. No es una ciencia exacta, es cierto, pero la actitud siempre suma. Y mucho más de lo que creemos.

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