La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás.
Hay un dicho que oí una vez que vendría a sintetizar esta cita de Tales de Mileto a la perfección.
El dicho dice lo siguiente…
“Es más fácil ver una pajita en ojo ajeno,
que una viga de acero de 12 metros en el propio”
¿Verdad que se comprende a la primera?
Pues entiendo que Tales de Mileto nos quería transmitir lo que hoy en día se ha transformado en distintas frases o refranes. Lo complicado de verdad es conocerse a uno mismo, por mucho que creamos que nos conocemos.
La forma en cómo actuamos, dependiendo de las emociones que nos embarguen en cada momento, no siempre es racional. Y simplemente, en muchas ocasiones, nuestras decisiones nos perjudican en primera instancia a nosotros mismos.
Esto pasa básicamente porque no nos conocemos lo suficiente, o peor aún, creemos conocernos lo suficiente.
Y lo mejor de todo es que, una vez recogemos los malos resultados que obtenemos de nuestras decisiones erróneas por falta de autonocimiento, la mejor idea que se nos ocurre ante cualquier mal resultado es … culpar a los demás. En esto sí que la raza humana es especialmente eficaz, es decir, en evadir las propias responsabilidades por nuestros actos y decisiones.
Supongo que, por este motivo, por la dificultad de conocerse a uno mismo, nos resulta mucho más fácil criticar a la gente de nuestro entorno. Filtramos sus acciones a través de nuestra escala de valores (que por cierto, seguramente tampoco hemos cuestionado) y emitimos un veredicto en forma de crítica sin ningún tipo de pudor.
Entender y no juzgar a los demás es mucho más fácil cuando te conoces a ti mismo.
Yo creo que, de las mil maneras posible de hablar de sí mismo, ninguna apunte en su totalidad a ser cierto. Se omite celosamente, por algún interés particular, hablar de cómo se es realmente. La razón que fundamenta este contexto, es el hecho mismo de ser humano. – Esto último no es un argumento, es una realidad-..
… gracias por tu aporte Nelson. Exacto el propio hecho de ser humano nos condiciona y facilita vernos a nosotros mismos de forma «subjetiva» en lugar de ser una visión «objetiva», este es el principal escollo para conocerse de verdad a uno mismo, y al mismo tiempo el Gran Reto.