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Las dinámicas de grupo son técnicas didácticas vivenciales, esto quiere decir que son actividades en las que las personas se involucran para afianzar sus relaciones o lazos afectivos. Estas tienen que ver entonces con la sociedad, la convivencia, la tolerancia, la participación que las personas tienen dentro de la relación, entre los participantes. 

En cada dinámica grupal hay una persona o encargado que debe observar los comportamientos de los involucrados y guiarlos en el transcurso de la dinámica para que esta llegue a los objetivos buscados. 

Podemos encontrar dinámicas de grupo de diferentes tipos, muchas de ellas muy atractivas. Estas pueden estar dirigidas a niños, jóvenes, adultos e incluso a personas de la tercera edad. Porque claramente, todas las actividades en grupo deben estar adaptadas a las edades, a las circunstancias y por supuesto al contexto en el que se desarrolla.

Dependiendo del ejercicio y también de los implicados, las mecánicas en las que se desarrollaran las actividades, variarán. Por concordancia, los resultados y lazos de grupo que se creen al final de la dinámica, serán condicionados por las circunstancias y las personas. Es por esto, que este tipo de dinámicas tienen que ser observadas por un experto del área, que pueda guiar de forma asertiva cada actividad. 

 

¿Para qué sirven las dinámicas de grupo?

Las dinámicas de grupo se han convertido poco a poco a través de los años en prácticas muy utilizadas gracias a su inmensa capacidad de adaptación a diferentes situaciones, edades o preferencias.

Estas ayudan a que los participantes adquieran competencias cooperativas, estas llevan a que sientan motivación para seguir mejorando la relación entre ellos y con el trabajo en equipo. Se consigue así un aumento de la responsabilidad hacia el grupo.

El grupo además puede enfocarse en conseguir metas que los participantes tienen en común. Esto hace que los integrantes se vuelven más participativos y productivos, se promueve el trabajo de cada individuo para poder lograr un bien común. 

Además de todo lo mencionado, las dinámicas de grupo posibilitan el establecimiento de  relaciones y se crea una posición de liderazgo en tareas que son repartidas  igualitariamente. Esto quiere decir que todos tendrán el mismo nivel de responsabilidad, así se promueve la participación equitativa y se logra que cada participante comprenda la importancia de su rol en el grupo

¿Cómo hacer una dinámica grupal paso a paso?

1. Fijar los objetivos que persigue el grupo y tenerlos en cuenta a la hora de pensar la dinámica:

La dinámica utilizada, debe estar adaptada a los objetivos generales, y los particulares de cada uno de los encuentros. Para ello es necesario conocer muy bien características de cada técnica que queramos utilizar. 

Un grupo puede tener bien claro su objetivo pero en cada reunión se puede intentar conseguir objetivos inmediatos, a corto plazo. La suma de todos estos pequeños objetivos llevará a lograr el objetivo mayor.

2. Conocer la madurez grupal, de esta forma, podemos crear dinámicas de grupo funcionales:

Las técnicas poseen diversos grados de complejidad y exigen diferentes condiciones que se deben cumplir para poder llevarlas a cabo gratamente. Asimismo, los grupos son muy complejos y según su grado de madurez para atacar la tarea habrá dinámicas que se adapten con mayor o menor dificultad.

El grado de madurez se refiere a la capacidad de escucha, hábitos de comunicación y nivel de participación entre otros. Por esto, cuanto menos madurez grupal se deben usar técnicas que exijan menor atención e implicación personal.

3. Tomar en consideración el tamaño del grupo:

Hay técnicas que sólo se pueden utilizar en grupos reducidos, mientras que otras están diseñadas para grupos con un mayor número de participantes. Es conveniente tener en cuenta estos criterios a la hora de escoger la dinámica a emplear.

De todas maneras, siempre es posible y más sencillo adaptar a un grupo grande en técnicas para grupos pequeños que crear una dinámica nueva y más aún cuando el tiempo que se tiene es poco.

4. El espacio físico y el ambiente del mismo:

Siempre debe haber un entorno propicio que posibilite la interacción de los integrantes del grupo sin limitaciones.

Cada técnica grupal requiere de un determinado espacio físico para que se pueda desarrollar con efectividad. Hay que tener en cuenta por ejemplo: el tamaño del espacio, la iluminación y ventilación del lugar, la posición de las sillas y otros materiales, entre otros. 

5. Identificar los hábitos y costumbres de los involucrados:

Todo grupo está inserto en un contexto social que influye en la interacción dentro del grupa. Por este motivo, es conveniente que la técnica no intente cambiar demasiado “de golpe” con las costumbres y hábitos de ese medio.

Además, hay que tener presente las características culturales del grupo como un todo y de las individuales puesto que cada persona es diferente. Esto es para evitar que las personas experimenten situaciones desagradables o que les puedan generar tensión, ya que afectará al desarrollo del trabajo.

6. Analizar las posibilidades y los riesgos:

No todos las dinámicas sirven para todos los grupos, es muy habitual utilizar ejercicios para trabajar aspectos negativos que posee el grupo, pero también es muy aconsejable hacer los contrario. Trabajar aspectos comunes positivos para el refuerzo de los mismos y conseguir una mejora en esos aspectos que ya posee (muy recomendable, incluso más que trabajar los negativos).

En los aspectos y en los temas se deben evaluar las posibilidades que el grupo posee para llevar adelante con éxito la técnica. Y no sólo hay que tomar nota de las posibilidades, también se deben tener en cuenta las limitaciones que generan en el grupo en particular esos aspectos negativos y temas tratados. 

 

7. Asumir capacidades y limitaciones propias, esa es la mejor alternativa para optimizar las dinámicas de grupo:

No toda técnica requiere de la misma capacidad o habilidad en su utilización por parte de quién la coordina. Hay dinámicas que requieren de una gran práctica y rodaje ya que son más complejas y requieren más atención, esmero y experiencia por parte del coordinador. 

Un buen facilitador o facilitadora grupal, experto/a en el área, necesita ser consciente de cuáles son los límites para poder ayudar a que los participantes sigan trabajando a pesar de los mismos.

Como hemos visto, las dinámicas de grupo son muy importantes y benefician al autoconocimiento de cada uno de los participantes, a la comunicación respetuosa del grupo y a la colaboración y contribución de cada uno para el bienestar del grupo como un todo. 

Estas dinámicas se pueden y se deberían llevar a cabo en cualquier ámbito en el que contribuyamos para un fin, por ejemplo en el aula de clases, en el trabajo, en la familia, con la pareja, etc. Siempre es importante generar un clima de entendimiento, respeto y aceptación en cualquier ámbito de nuestra vida y las dinámicas de grupo bien guiadas, pueden ayudarnos a lograr ese objetivo.

Y tú, ¿ya usas dinámicas grupales?