Entre las muchas cavilaciones filosóficas que puedes hacer sobre el sentido de la vida -esas que uno hace los domingos por la noche o cuando está solo con su corazón- creo que la más práctica tiene que ver con la gestión de un proyecto a largo plazo, que podríamos llamar “proyecto de vida”. Y que implica un buen reloj para leer el presente, una gran bolsa de juguetes traída desde el pasado y un buen paraguas para ese momento que llamamos futuro.

Si me pidieran que elija qué cosas sacar de esa bolsa de juguetes que traigo del pasado, seguramente serían aquellas piezas que me permitan reconstruir momentos de felicidad y motivaciones para la vida actual (aunque claro que los niños con su curiosidad siempre encuentran más de lo que buscan y hasta a veces se lastiman).

Los adultos necios son como aquella descripción que seguramente recordarás de Saint Exupéry a través de su personaje más famoso, El Principito: “Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones. Creo que esta frase, de ese hermoso libro, nos recuerda algo que con los años perdemos de foco: la obviedad de ciertas verdades simples de la vida.

Verdades que están relacionadas al uso de nuestro tiempo, a la felicidad, al conformismo y a la vida misma como un proyecto que debe gestionarse en pos de aquello que deseamos, es decir, nuestras metas.

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¿La felicidad es siempre un vuelo sin escalas? 

¡No! Claro que no lo es. Por eso hablé antes de que esa bolsa de juguetes que traemos del pasado puede tener alguna sorpresa indeseada, aunque también viene dentro. El asunto es si lo usamos para divertirnos con ella y encontrarle alguna utilidad o si la usamos como una excusa y un recuerdo paralizante.

Parte de la idea de tener un proyecto de vida tiene que tener una dosis justa de pasado. Sin pasado no hay ninguna oportunidad de ser una versión mejorada de nosotros mismos.

He visto personas que no pueden salir de sus camas durante semanas o que no quieren emprender nada nuevo, a menos claro, que puedan tener una pareja o un compañero de trabajo al que rezarle un rosario de quejas y propenderle un sin número de sospechosas actitudes de menosprecio, por ser los únicos que esperan de ellos algo más que su habitual forma de vida.

Déjame decirte esto claramente y con la misma (falta de) diplomacia (y extrema) sinceridad infantil: NO EXISTE UN PROYECTO DE VIDA FELIZ BAJO LA QUEJA.

Si queremos salir de nuestra zona de confort primero hay que visualizarlo. El hámster no sabe que el mundo existe hasta que deja su rueda.

Eso es tristemente cierto también para millones de personas que todos los días se levantan, van a trabajar en un oficio que no les gusta (y que lo sufren), vuelven a casa, cenan y esperan volver a repetir ese ciclo hasta que la jubilación (o la muerte) les quite de ese ciclo… (Te dije que usaría la sinceridad extrema del niño. Resulta un poco molesto, ¿no? Aunque a veces sería bueno retomar un poco de ese estilo de hablar directo con ciertas personas que tú ya tendrás en mente, ¿no?).

proyecto de vida

¿Cómo se gesta ese proyecto de vida? 

Como dije, primero visualizando que hay una zona de nuestra vida que es “segura”. Y que si no nos gusta lo que obtenemos de ella deberemos salir de ahí y crear nuevas zonas de desarrollo potencial. De todo tu potencial.

Lo segundo es tener un gran GRAN PORQUÉ. Es decir, un motivo lo suficientemente fuerte como para querer ser la mejor versión de ti mismo/a lo más pronto posible. Puede ser la familia, la carrera, los ingresos, todas las motivaciones, tanto internas como externas que desees. Pero la única condición es que sea poderoso. Tanto es así que cuando dudes, recuerdes por qué lo haces.

El gran porqué de El Principito era su rosa, ¿la recuerdas? Esa rosa valía mucho para él, era de donde venía y hacia donde iba.

Tu reloj Rolex debe ser el presente 

Tu tiempo es el valor más preciado que vas a tener en toda tu vida, o que vas a perder, tú decides qué hacer con él, pero recuerda: AL FINAL DEL DIA SE REINICIA EL RELOJ y el tiempo que no usaste es tiempo que perdiste y que no volverá jamás.

El presente es un reloj Rolex invisible. Es muy costoso, es muy precioso y dependiendo de cómo lo uses te traerá más o menos oportunidades.

Por eso debes planificar tu proyecto de vida del modo más molecular posible: cómo usarás tus horas, cómo usarás tus días, cómo usarás tus meses, qué cursos vas a tomar, con quién vas a hablar hoy para aprender algo que necesitas, cómo vas a buscar los recursos que te faltan y cuánto tiempo dispondrás para ello.

Todo eso es parte de un proyecto más grande: tu nuevo yo que va a estar esperándote en ese lugar que llamamos futuro y ¿sabes qué es lo mejor de todo? Tendrá un hermoso paraguas… amo los paraguas rojos. Ok, eso no tiene nada que ver, pero me pareció importante decirlo.

¿Cómo es eso del yo futuro? 

Al inicio de este post te dije que en el futuro vas a tener un paraguas (y una promesa es una promesa).

Con esto me refería a que vas a tener mejores defensas contra cualquier embate. Ya que si usas bien tus años y ganas experiencias en diversos campos que buscaste dominar a lo largo de varias décadas, si aprendiste de los mejores, si alcanzaste cada meta que te propusiste, con el correr inevitable de los años habrás creado la mentalidad que ese mejor yo del futuro necesita para mantenerse siempre firme y creciendo, incluso en los días de tempestad más fuertes.

Y como sé que te quedaste pensando en el color del paraguas, tu yo futuro puede optar por otro color… aunque no lo sugiero. El rojo es bueno.

proyecto de vida

Y recuerda… 

Para lograr la felicidad se debe tener un proyecto de vida definido e incluir un gran porqué, hacer buen uso del tiempo, pasar por todas las estaciones de la vida conscientemente, salir de la zona de confort cuando no nos guste el estilo de vida que llevamos y, por supuesto, un gran y rojo…. Ok eso no.

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